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Cómo saber si padeces obsesión amorosa

Me llama profundamente la atención cuando escucho ideas acerca del amor, porque se suelen confundir algunos términos que me gustaría señalar en el artículo de hoy. 

Ya han sido varias las personas, en procesos de Coaching enfocados al área de pareja, que me han explicado que no podían evitar tener en la cabeza a su pareja casi todo el tiempo:

«Lo que les dijo y lo que no les dijo, qué es lo que hace, qué es lo que no hace, cómo lo hace, cuándo y con quién….»

El proceso de Coaching puede servirte para que puedas comprobar y ver con claridad si este es tu caso, poniendo los medios para evitarlo.

Hay una línea muy fina que separa la construcción de un amor malentendido, una relación tóxica y obsesiva, de un amor sano y saludable.

Esto sucede sobre todo en la primera etapa del enamoramiento, en la que se tiende a idealizar a la otra persona y a querer encajar en el molde de ese conjunto de necesidades y prototipos del otro.

Me parece importante hacer una revisión a nivel individual sobre cómo estás viviendo tu relación de pareja, para evitar caer en relaciones tóxicas abocadas al sufrimiento, con un alto coste de angustia y grandes sobredosis de desgaste emocional.

Creo que es importante recordar que las personas tenemos criterio, ideas, necesidades y metas antes de emparejarnos.

Por tanto, cuando decidimos iniciar una relación de pareja con otra persona no tienen porqué desaparecer ni modificarse por el hecho de haberte enamorado y emparejado, y solemos olvidarlo.

Para que una relación de pareja esté equilibrada, de lo que se trata es de poner encima de la mesa por ambas partes los criterios e ideas acerca del tipo de relación que nos gustaría tener:

Cómo nos gustaría comunicarnos y relacionarnos el uno con el otro y con los demás, cómo podemos hacer para vivir incluyendo tus necesidades y las mías, cómo podemos organizarnos para que queden cubiertas las prioridades de ambos en la vida en común…

Con el objetivo de aprovechar la útil herramienta que es la comunicación y, junto con la sinceridad, intentar sumar en la vida del otro para evitar caer en discusiones de pareja constantes cargadas de chantajes, frustración o desaprobaciones constantes.

Por tanto, si notas que te resulta difícil ponerte de acuerdo con tu pareja en todos estos términos, que lo has intentado de todas las manera posibles y no hay manera de ponerse de acuerdo, quizás esa persona no sea la más adecuada para ti, por mucho que desees intensamente que así sea.

El amor es un sentimiento maravilloso, pero no implica permitir que la intensidad de estas emociones desemboquen en obsesión por una persona. 

Hay que tratar de poner límites, para evitar precisamente dejarnos llevar por querer ser la persona ideal para el otro, hasta el punto de que nos ciegue de tal manera que nos olvidemos de cuáles son nuestras necesidades, prioridades, valores, metas, proyectos… 

Cuando nos empeñamos por entrar en el molde de las preferencias del otro a cualquier precio, corremos el riesgo de olvidarnos de nosotros mismos con tal de encajar en la ideas del otro, y eso no es amor.

La obsesión no es amor, sino exclusividad, desconfianza y control.

Que da lugar a la creación de costumbres que no son normales y si las dejamos pasar sin poner límites, corremos el riesgo de normalizarlas.

Pensando además, que así estamos protegiendo la relación y que estamos aportando la tranquilidad que el otro necesita.

Porque, cuando todo gira en torno al otro y el resto de nuestras cosas (existentes antes de conocerle) como son prioridades, amistades, metas, ilusiones…

Cuando todo ello va quedando empañado por poner demasiado foco en el otro, sería ese momento cuando podrías empezar a traspasar esa fina línea que separa una relación tóxica y obsesiva de una relación sana y saludable.

El amor sano te acepta, pone sobre la mesa lo que tú necesitas y lo tiene en cuenta, te pregunta si con esto que me gustaría hacer tú te sientes cómodo, y así sucesivamente. En definitiva, mira por la satisfacción mutua. 

El amor sano suma a tu vida, te apoya para que crezcas en la consecución hacia tus metas, te hace brillar, y no te apaga intentando que seas quien no eres de acuerdo a sus deseos.

El amor sano te anima para que sigas haciendo las cosas que te gusta hacer, no te intenta despistar ni moldear conforme a sus criterios. 

El amor sano no te revisa nada ni te da el visto bueno para que hagas o dejes de hacer. Tampoco desvía tus prioridades ni metas porque las suyas son más importantes que las tuyas.

El amor sano se construye desde unas bases que promueven la aceptación del otro, la puesta en común de ideas y el establecimiento de acuerdos que cubran las necesidades y metas de ambos.

El amor sano te respeta y no te intenta cambiar.

El amor sano comprende y respeta tu individualidad porque es consciente de que tú no estás ahí para satisfacer al otro, porque sabe que tú estás a su lado porque tú lo has elegido y eso es más que suficiente.

Si te encuentras en una situación de bloqueo, confusión o conflicto personal tienes a tu disposición mis programas: Dilemas de Pareja, Cuestiones Laborales y Conflictos Personales.

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